Según datos recogidos por la Asociación Ibérica de Reciclaje Textil (ASIRTEX), los españoles compramos una media de 34 prendas nuevas al año y desechamos entre 10 y 14kg, de los cuales tan solo entre 1,5 y 2,5kg por persona son depositados en contenedores de reciclaje.

La ropa que acaba en la basura va a vertederos o crematorios de basura y supone un residuo de difícil degradación y altamente contaminante.

Como alternativa a la basura general, tenemos distintos sistemas de recogida a nuestra disposición: Eco-parques, puntos limpios móviles, recogida a domicilio, puntos de recogida en dependencias municipales, contenedores en la vía pública, contenedores en terreno privado y puntos de recogida en grandes cadenas de fast fashion. Todas estas alternativas comparten un objetivo: Evitar que la ropa acabe en vertederos  y dar una segunda vida a las prendas, independientemente de su estado.

La UE ha establecido el año 2025 como límite para que todos los estados miembros hayan integrado la recogida selectiva de residuos textiles. En España ya es una realidad desde hace años.

El sistema más cómodo y accesible suelen ser los contenedores para la recogida de ropa que encontramos en la mayoría de municipios. Pero, ¿quién ha colocado ahí esos contenedores y qué hace con nuestras prendas?

Contenedor para ropa en las calles de Valencia.
Contenedor de ropa en la calle en la ciudad de Valencia.

Normalmente depositamos la ropa en los contenedores con la esperanza de que llegue a personas que lo necesitan pero el proceso es mucho más complejo de lo que imaginamos.

Las empresas propietarias de los contenedores deben tener un convenio firmado con el ayuntamiento que les autorice a situar su contenedor en la vía pública. Hay ayuntamientos que estudian las solicitudes y escogen empresas con una marcada vertiente social que actúen en el municipio o en la zona.

 Otros ayuntamientos, simplemente autorizan la primera solicitud que llega con el fin de dar servicio a sus vecinos. Y es que no es lo mismo donar nuestra ropa a una ONG que a una empresa con ánimo de lucro y poca trazabilidad.

La vertiente medioambiental de la recogida de ropa es más que evidente. Siempre es mejor la reutilización y el reciclaje que la generación de basura sin control. Pero la forma en la que se gestionan estas acciones  también impacta en la vida de las personas que intervienen en el proceso y de otras muchas que se ven afectadas al final de la cadena.

La ropa usada española tiene como principal destino la comercialización internacional. La donación y la comercialización nacional, al contrario de lo que podamos pensar, es muy reducida.

 La trazabilidad de las prendas todavía es compleja pero se calcula que, de toda la ropa depositada en contenedores, alrededor del 60% se puede reutilizar y el resto es susceptible de ser reciclada se diversas formas y al mayoría acabará lejos de nuestras fronteras.

Hace algunos años se desató una polémica en los medios a cuenta de los contenedores de la empresa Humana. Polémica que se ha ido olvidando y que afecta a otras empresas en nuestro país. Se acusaba a Humana allá por el año 2009 de enriquecerse a través de nuestras prendas usadas. Aquí yo no vería mayor problema si su negocio trajera beneficios para todos, francamente. El caso es que esta y otras empresas venden lotes de ropa a países extranjeros y esta acaba en mercadillos de segunda mano. ¿Supone esto un problema? Se convierte en un problema cuando afecta gravemente a la industria textil de la zona amenazando con hacerla desaparecer. 

Ruanda decidió prohibir la importación de prendas de segunda mano para revertir este proceso. Tengamos en cuenta que hablamos de países con un tejido industrial  muy frágil y altas tasas de paro, con unas formas de consumo muy distintas a las nuestras. 

Es por esto que deberíamos buscar empresas que tengan en cuenta la vertiente social del proceso. 

Estos contenedores en concreto actúan como contenedores pirata en muchas ciudades. No han sido autorizados por el ayuntamiento y la empresa responsable se encarga de moverlos continuamente para evitar que se detecte la infracción y les caiga una multa. En ocasiones, incluso falsifican la pegatina con el escudo del ayuntamiento para engañarnos.

De otro lado tenemos los contenedores pertenecientes a ONG´s que trabajan en nuestras ciudades. Un ejemplo sería la asociación parroquial Cáritas, que ha creado una red de contenedores y tiendas a nivel nacional. A través de estos contenedores da empleo a más de 700 personas en situación de exclusión social, lo cual les facilita una reinserción al mercado laboral posterior a su paso por la empresa. Estas personas se encargan de la recogida y clasificación de las prendas. Además cuentan con tiendas Koopera en muchas ciudades, que por un lado ponen al alcance del público general prendas de segunda mano en buen estado y por otro sustituyen al ropero parroquial de toda la vida a través de tiquets que se entregan a las personas necesitadas para la adquisición de prendas sin coste.

Pero no todas las prendas recogidas son aptas para su venta . Algunas se encuentran en mal estado y no admiten reparación. ¿Qué pasa con esta ropa? En una primera fase es separada según su composición. Las prendas de algodón se trituran y se convierten en trapos de limpieza, mantas o aislante para construcción. Los tejidos acrílicos se vuelven a hilar para crear nuevos tejidos.

En conclusión , yo os recomiendo que utiliceis los contenedores de reciclaje para desechar cualquier textil que ya no os sirva y que no sepáis a quien donar.

 En vuestro ayuntamiento podéis informaros de cuales son las empresas autorizadas. La OCU también tiene un listado de empresas autorizadas en cada municipio que podemos consultar. 

Cuando sepáis cuales son las empresas de vuestra zona, buscadlas, sed proactivas e investigad. 

Nos vemos en el camino del cambio.